domingo, 19 de marzo de 2017

Conciencia, Energía y Manipulación Mediática

Margarita Llada. El Poder Creador de la Conciencia, Argentina, editorial Dunken, 2013. Páginas 51 a 53.
En esta nota comparto un extracto del libro,  El Poder Creador de la Conciencia, 
Mafalda del Quino
donde me refiero a cómo y por qué la desbocada Conciencia Egocéntrica que subyace en el Sistema Dominante, utilizando los medios y la opinión pública, crea fuerzas poderosas que manipulan la mente y las emociones con el inconfesable propósito de concentrar la energía humana y planetaria. 

“Los métodos para organizar la energía han tenido una expansión fenomenal durante el siglo XX. De la mano del crecimiento de las comunicaciones, las posibilidades concretas de influir en la mente y las emociones de individuos y grupos adquirieron un protagonismo inaudito en la vida humana.

Es impensable abstraerse del influjo de la publicidad, de las movilizadoras noticias, de la influencia de formadores de opinión, de los imaginarios que moldean lo cultural.

A modo de ejemplo. Observemos como las fuerzas organizadoras de las realidades actuales generan deseos, expectativas y consenso en la opinión pública con el propósito de “obtener el máximo beneficio para sus productores”. Por todas partes publicidades, discursos económicos y políticos anuncian subliminalmente: “todos pueden –potencialmente– acceder a estándares de vida elevados” “los beneficios del progreso están al alcance de todos por igual”.

Me pregunto, ¿se desconoce que para la mayoría de la población mundial (más del 50%) resulta, literalmente, una quimera acceder a dichas propuestas? ¿Y qué con los modos de extracción, producción, distribución, consumo y desechos reinantes sería ciertamente insostenible? Como sabiamente lo expresó Mahamad Ghandi en 1948: “Si la India aspirara a que todos sus habitantes posean el nivel de vida del Reino Unido, necesitaríamos dos planetas”.

Numerosas organizaciones sociales indican que más de la mitad de la población mundial transcurre su existencia en condiciones de pobreza absoluta o relativa: sin trabajo remunerado, sin viviendas dignas, en condiciones de insalubridad, en estado de desnutrición, con dificultades de acceso a la educación. El sentido común indica que el número crecerá aceleradamente como consecuencias de la escalada de “ajustes y recortes” en todo el planeta.
Sin embargo, cotidianamente, se incrementa la publicidad (referida a cualquier producto o servicio) exhibiendo suntuosas casas y piscinas, personas con “figura perfecta”, coches espectaculares, placeres inasibles. Las representaciones simbólicas de posibilidades irreales nos avasallan.

En la privacidad de nuestro hogar o en la calle o donde transitemos, somos prisioneros de propuestas intempestivas, confusas y engañosas que aspiran a convencernos de lo imprescindible, o beneficioso, que es ceder a los estímulos del consumo. Otros utilizan ingeniosas sutilezas en procura de consenso o adherencia a tal o cual opinión.

¿Qué rol tenemos en la organización de estos intercambios energéticos? ¿Cómo participamos en la creación de las fuerzas organizadoras de la realidad? Cada uno de nosotros desempeña algún rol en la organización de lo percibido (rol en un grupo, cultura o sociedad) que garantiza cierta dinámica de los intercambios energéticos dentro de algún el estadío de conciencia. Todos, de alguna manera, participamos en la creación de la realidad: respondiendo instintivamente, deseando, significando, simbolizando o siendo generadores.

Una parte de la población educada, los intermedios, entre el 35 al 45% de los habitantes del planeta estamos inmersos en los sistemas educativos, por lo tanto, recibimos formación –implícita o explícita– en técnicas para el “manejo de lo simbólico”. Somos nosotros, “los educados”, quienes tenemos posibilidades (por las habilidades adquiridas) de desempeñar roles de comprensión o de significación o, eventualmente, de generación de las realidades percibidas.

Más allá de “aisladas” excepciones, en la estructura profunda de los sistemas educativos vigentes subyace el estadío de conciencia Egocéntrica. Ellos promueven el desarrollo de “destrezas” para crear y simbolizar realidades que dinamicen la energía hacia: la concentración individual, en oposición a la distribución colectiva; la acumulación en el corto plazo, a expensas del equilibrio en largo plazo; lo perentorio, sobre lo perenne; la manipulación, en detrimento del correcto fluir.

Detrás, y distante de la visión pública, existe un escaso grupo: menos del 3 % de la población mundial: un selecto linaje y hombres de poder que ocupan roles de generadores de la realidad percibida por la conciencia colectiva.

Según su intencionalidad, dinamizan los intercambios de energía –entre los seres humanos y en el planeta– mediante: imaginarios, símbolos, mitos e ideologías; el control de los Estados y Organismos Internacionales; las teorías que subyacen en los sistemas políticos, jurídicos, educativos, económicos, monetarios y financieros.

La fuerza, dirección y propósito, del actual minúsculo grupo dominante, transita el estadío de conciencia Egocéntrica, por ende, tienen la intencionalidad de concentrar la energía en torno a sí mismos. Los artificios para lograrlo son múltiples: el entramado avasallante de mensajes simbólicos; irresolubles conflictos; difusión capciosa de “secretos esotéricos”49; propagación del miedo; etcétera.

Afortunadamente, resulta alentador el impacto que, en múltiples ámbitos, provoca el progreso en conciencia de muchos seres humanos. Desde lo educativo, empresario, social, religioso, jurídico y político, nuevos estadíos de conciencia pujan provocando inestabilidades y transformaciones en los resistentes sistemas vigentes. Al presente, muchos están desempeñando roles (de comprender, simbolizar y generar) en la organización de las realidades percibidas –dentro– de estadíos de conciencia más evolucionados que la Egocéntrica.

¿Cómo, cuándo y por qué emergen determinadas las fuerzas poderosas? ¿Por qué toman una dirección específica? ¿Cuál es su propósito o finalidad? ¿Cómo se organiza la vida colectiva e individual entorno a ellas?

Quizás, iluminando detrás del telón de lo aparente, encontremos cómo lo subjetivo se representa en lo objetivo. Tal vez, descubramos que podemos ser productores, directores y actores lúcidos de la obra prima: la evolución de la especie humana.”

viernes, 4 de marzo de 2016

El objeto de la justicia: la distribución equitativa

Aristóteles (384 - 322 A.C), un filósofo perenne cuyo pensamiento sobre el Derecho y la Justicia pueden iluminar los obnubilados discernimientos de nuestro tiempo.

Imagen tomada de Internet con fines didácticos
Para Aristóteles “la justicia incluye a todas las virtudes”, en tanto, “el ejercicio de estas virtudes en función de su utilidad social”, a modo de ejemplo, si entendemos que el coraje es una virtud, esta adquiere sentido en “la práctica del coraje para defender el bien común”.

Además esa virtud debería tener como finalidad, objeto propio de la virtud, “dar a cada uno lo suyo -suum cuique tribuere-“, es decir, efectuar un reparto conveniente, que no atribuya a cada uno ni más ni menos de lo que exige una medida recta, una cierta “igualdad” (ison).
Así, el pensamiento aristotélico gira en torno a su “teoría general de la virtud como un justo medio”. En la justicia ese “justo medio” se encuentra en distribuir a cada uno una cantidad ni demasiado grande ni demasiado pequeña, sino intermedia entre ambos excesos (medium rei).
Para practicar este “médium rei”, Aristóteles desarrolla dos conceptos de justicia, la “distributiva” y la “conmutativa”.

La “justicia distributiva” tiene por finalidad la distribución de los bienes, honores y cargas públicas entre las personas según las responsabilidades, aptitudes y aportaciones que cada uno realice a la “polis”. Según este concepto de “justicia distributiva” los honores, los salarios, los bienes, etcétera que se distribuyan a cada persona deben guardar relación con lo que cada uno de ellos aporta al bien común.

Por otra parte, en caso de que ocurran des-equilibrios en la práctica de la “justicia distributiva” ello debería corregirse mediante el principio subsidiario de “justicia conmutativa”, es decir, será necesario que el legislador “calcule una restitución igual al daño sufrido”.

El eminente Filósofo del Derecho Michel Villey (1914-1988) sostiene que en estas ideas de Aristóteles podemos encontrar los fundamentos que deberían primar en el Derecho Público (la “justicia distributiva”) y en el Derecho Privado (el principio de reparación o “justicia conmutativa”).

Resulta evidente que, retomar estás ideas sobre la “justicia distributiva”, resulta “poco conveniente”  a las inescrupulosas prácticas de “inequidad y concentración de la riqueza” que subyacen en la dinámica de los actuales sistemas políticos, sociales y económicos.

Margarita Llada


miércoles, 16 de diciembre de 2015

Macri, abuso de poder y avasallamiento a la democracia

El artículo. 99, inciso 19 de la Constitución Nacional dice "Puede llenar las vacantes de los empleos, que requieran el acuerdo del Senado, y que ocurran durante su receso, por medio de nombramientos en comisión que expirarán al fin de la próxima Legislatura."
Es obvio que los ministros de la Corte Suprema no son empleados del Presidente. 
Un DNU que arrasa con la División de Poderes y las supuestas intenciones de generar consensos que enunció Macri.
Una medida, a todas luces, política y jurídicamente incorrecta. ¡Inadmisible!

domingo, 15 de noviembre de 2015

Matanza en Francia y exterminio en Medio Oriente: la humanidad en llamas

Amigos de este blog, no puedo dejar de expresar mi sentimiento de  indignación, dolor e impotencia por la matanza en Francia. Tengo en mi corazón la contradicción irresoluble, entre el dolor por la matanza en Francia, y al mismo tiempo, no puedo dejar de sufrir por las miles de personas que, diariamente, son asesinadas, mejor dicho exterminadas, en Medio Oriente.
Nos horrorizamos frente a la matanza en un "país central de Occidente" pero asistimos indiferentes a las matanzas sistemáticas provocadas por los países centrales de Occidente en Medio Oriente, al dolor indignante de millones de personas (niños, jóvenes,  mujeres embarazadas, ancianos) que huyen despavoridos de los estragos de la destrucción y el desamparo. Yo soy Francia, pero también soy los refugiados, los abandonados, los desprotegidos, yo soy simplemente demasiado humana.
Desde en minúsculo espacio, clamo para que los líderes del mundo reflexionen: la humanidad esta en llamas.
Margarita Llada



El sentido común: el menos común de los sentidos

Algo caracteriza a nuestra época: la falta de sentido común. Por doquier observamos el sin sentido. La ausencia de coherencia entre pensar, sentir y actuar.
Lo irracional –lo que no tiene lógica– es naturalmente aceptado; lo evidente se desvanece en justificaciones incomprensibles e insondables motivaciones (ambición, codicia, menosprecio, etcétera.)
No otorgamos lugar a lo obvio, a lo que simplemente nos indica el sentido común.

Cuando lo obvio resulta invisible

Me pregunto: ¿Es necesario luchar en defensa del ambiente? ¿No es obvio que si descuidamos el único hogar que poseemos no tendremos donde habitar? ¿No resulta evidente que el modelo económico actual genera marginalidad creciente? ¿No es obvio que los intercambios económicos y financieros, tal como están planteados, conducen a un colapso inevitable? ¿No es obvio que toda persona tenga derecho a los “derechos humanos”? Seguro, usted podrá acrecentar esta lista de preguntas: con respuestas obvias.
No se requiere ser un gran científico, o gurú, para darse cuenta de lo que el “sentido común” nos revelaría. En lo cotidiano se toman decisiones de las cuales derivan acciones u omisiones.
La instancia donde se llega a la decisión final –acción u omisión– suele estar azuzada por las más insondables motivaciones. Deberíamos estar atentos: la no acción es acción, como tal, también implica una decisión.
Las decisiones pueden ser conscientes o inconscientes. En muchas oportunidades ejecutamos nuestras acciones en piloto automático –inconscientemente–, en apariencia, prescindimos del proceso expreso de “tomar la decisión”.
El sentido común es “mi sentido común”, por lo tanto, es una experiencia intransferible. Sin embargo, me permito sugerir algunas pautas para evaluar cuándo una decisión que hemos tomado (por acción u omisión) tendría –o no– “sentido común”.
Llegada la instancia de la decisión y consecuente acción –de hacer o no hacer– ¿Cómo podríamos evaluar si hemos utilizado el sentido común?

¿Cómo podríamos evaluar si hemos utilizado el sentido común?


jueves, 8 de octubre de 2015

La felicidad como satisfacción de deseos culminantes.

El enigmático poder de algunos conceptos que obnubilan nuestro  discernimiento

Es evidente, las llamadas crisis económicas, financieras y sociales se deslizan por una espiral de ascendente de conflictividad; sin embargo, el enigmático poder de algunos conceptos obnubilan nuestro discernimiento. Conceptos simbólicos que organizan nuestro pensar, sentir y actuar , entendimientos que entorpecen el sentido común y, ciegan frente a lo evidente.
Iluminemos y reflexionemos, a modo de ejemplo, uno de los tantos conceptos que atraviesan la actual organización social: felicidad y deseos culminantes.
La felicidad, en el imaginario de la conciencia social egocéntrica, es un bien suntuario, el más importante logro que podría alcanzar un ser humano. La vida parece adquirir sentido si se alcanza “la felicidad” individual ¿Cómo se entiende a tan mágica posibilidad?: Ser feliz es tener. Tener bienes materiales, disfrutar de inmediatos placeres de la vida (comida, sexo, dinero, viajes, diversión, etc.), alcanzar algún reconocimiento social, ser importante, tener prerrogativa sobre otros (el poder entendido como privilegio).
Se torna evidente, detrás del fonema felicidad se agazapan deseos de posesión de “algo” que suponemos con idoneidad para satisfacer alguna necesidad individual. No solo deseos de objetos, en el sentido propio de la palabra, sino, la objetivación de la relaciones (hijos, pareja, amigos, grupos, etc.); la objetivación de las apariencias (ser joven, esbelto, etc.); la objetivación de las creencias.
Una rauda mirada nos confirmaría la falacia de tal entendimiento. La riqueza material, el status social y las creencias de supremacía de lo individual, aún con todo su esplendor, no han satisfecho las profundas aspiraciones humanas. Nuestro tiempo es atravesado por infelicidad, soledad, hastío, drogadicción, el sin sentido; en suma, otra paradoja: buscando la ansiada felicidad estamos inmersos en una profunda infelicidad existencial. Una concepto de felicidad que nos ha transformado en un insaciables depredadores.
Podríamos preguntarnos: ¿Qué tiene de erróneo el entendimiento de la felicidad como satisfacción de deseos individuales? o ¿qué tiene de malo pretender lo mejor (materialmente) para mí? Al plantear este tipo de pregunta se esconde nuestra resistencia a ampliar nuestra percepción-conocimiento.
Es evidente, si 7.000.000.000 de seres humanos accediera a satisfacer la felicidad, tal como la conceptualiza el entendimiento de la conciencia social egocéntrica, el planeta sólo soportaría unos 30 o 40 años. Al final de este tiempo, con los métodos actuales de extracción, producción, consumo y desechos, habremos depredado la totalidad de los recursos naturales y contaminado, de tal manera, el planeta que la existencia humana resultaría imposible. Entonces, el sentido común nos indica que este imaginario de felicidad, instalado culturalmente por la conciencia egocéntrica, es, tal como otros conceptos, simplemente: una quimera.
El mágico término “felicidad”, tal como lo plantea la conciencia egocéntrica, establece una relación biunívoca entre “deseo culminante” de bienes materiales e inmateriales objetivados y “su satisfacción”.
Qué deseamos guarda relación directa con el estadio evolutivo de la conciencia. Avanzar, seguro nos obligará, a sujetar nuestros desbordados apetitos atravesando las duras pruebas de los mares de la trasformación humana. La primera estación será alcanzar colectivamente un entendimiento sensible y responsable de la felicidad.
Recuerdo la mirada radiante, y la sonrisa amorosa de la Madre Teresa ¿Por qué era tan feliz? Seguro, su felicidad no provenía de la satisfacción de su culminantes deseos personales. Puedo imaginar la inmensa alegría de su alma al rescatar a los bebés de los tachos de basura durante su peregrinajes matinales por las calles de Calcuta. Cada niño salvado, era una bendición que alegraba su corazón.
Margarita Llada, autora del libro El Poder Creador de la Conciencia

miércoles, 9 de septiembre de 2015

El Peligroso Laberinto de Deseos Ilimitados

Obnubilados por “la gran ilusión” de tener derecho a “satisfacer ilimitadamente nuestros deseos materiales” promovemos, justificamos, valoramos sistemas ideológicos, culturales, jurídicos y económicos donde: es más importante “tener” que “Ser”; lo útil prima sobre lo valioso; la inmediatez sobre la trascendencia; la irresponsabilidad sobre la responsabilidad; lo individual sobre lo común; las divisiones sobre la totalidad.
Toro de Wall Stret
Imagen  de Internet. Uso didáctico.
Tal como el Toro de Minos de la isla de Creta hemos quedado atrapados en el laberinto tornándonos cada día más peligrosos. En la mitología existen múltiples versiones sobre el salvaje y temible Minotauro, en todas ellas, el desbocado animal (al cual no se debía matar por ser un regalo de los dioses) es encerrado en un laberinto para evitar que escapara y allí, día tras día,  se tornaba más salvaje: solo lo apaciguaba devorar carne humana de jóvenes y doncellas.  
En algunas narraciones el animal es montado y domesticado, en otras, la bestia es destruida por el valiente Teseo, hijo de Egeo. Aquí, la inteligente Ariadna, enamorada de Teseo, le ruega que se abstenga de ingresar al peligroso laberinto. El riesgo era doble, primero, matar al minotauro, y luego, encontrar la salida del laberinto. Ariadna entrega a Teseo un ovillo que deberá atar a la entrada y luego, de resultar triunfante, siguiendo “el  hilo de Ariadna”  encontraría el camino de retorno 
La palabra "laberinto" deriva de una antigua palabra inglesa que significa aturdir, confundir, enredar. El toro simboliza el deseo animal, los apetitos ilimitados, los primitivos instintos. La isla de Creta con su laberinto y toro nos remiten a “la gran ilusión”.

La gran ilusión

La civilización de nuestro tiempo, parece atrapada en “la gran ilusión” de creer que tiene legítimo derecho a satisfacer irresponsablemente apetitos ilimitados; quizás aturdida, confundida, enredada  no encuentra “el hilo de Ariadna” que le permita transformar los actuales modos de extracción, producción, distribución, consumo y tratamiento de desechos.
Nuestra especie es resultado de millones de años de evolución, una simple pasajera de un hábitat creado, durante eones, por el Universo. ¿Hemos perdido la perspectiva? ¿Cómo se nos ocurre sentirnos propietarios del planeta? ¿Qué planeta habitarán nuestros nietos? ¿Cómo se llega a esta instancia? ¿Por qué estamos atrapados en laberinto? ¿Cómo podríamos vencer al Minotauro?

Tomar el control o morir

Un dilema se avizora: ¿Montar o matar al Minotauro? Montar un animal significa tomar el control. ¿Deberemos enfrentar lo ilusorio y tomar el control de nuestros irresponsables deseos? ¿O tal vez, como lo propone el mito de Ariadna, debamos dar muerte al forajido animal y encontrar el camino de regreso? En este caso, ¿Cuál será el hilo que debemos tender para sobrevivir?
Corremos apresurados detrás del consumo, aceptamos la idea de que todo es descartable, valoramos lo fugaz. Pequeñas muestras ponen evidencia, de modo contundente, el hábito del “use y tire”: los celulares, los artefactos, los envases, las toneladas y toneladas de basura. Entonces, ¿cuál es el problema? ¡Es evidente!: El toro en el laberinto tiene deseos ilimitados y nuestro ecosistema es limitado.
¿No le parece un gran problema? ¿Cómo satisfacer deseos ilimitados en un mundo limitado? Los recursos del planeta se agotan, los ecosistemas gritan (inundaciones, sequías, muerte masiva de animales, contaminación, etcétera) evidenciando el tremendo impacto de las actividades humanas. En suma, no queda tiempo, tomamos el control o morimos.
Es innegable, es obvio, estamos en el punto de no retorno. La cultura de “satisfacción de deseos ilimitados” justifico la construcción de un laberíntico entramado de subjetividades políticas, jurídicas, económicas y culturales por las cuales nos deslizamos ciegamente al abismo.
Quizás, los salvajes y perentorios deseos son tan poderos, que muchos, aún conscientes de su peligrosidad, preferimos no derribar sus pasadizos secretos ¿Nos falta coraje? ¿No sabemos cómo hacerlo?
Otros, ¿es posible que desconozcan su existencia y peligrosidad? ¿Creerán que es otro Toro? ¿Acaso lo confunden con el Toro de Wall Street? El bravío animal, flexionado en sus patas delanteras, con la cabeza ligeramente a punto de embestir resulta un símbolo inspirador para adentrarse en el corazón financiero del mundo: la meca de muchos jóvenes egresados de altos centros de estudio. En lujosas, y cibernéticas oficinas, aprietan botones y tejen toda suerte ardides; así, tal como el cuadrúpedo, se sienten inspirados, y con derecho genuino, a satisfacer sus ilimitados apetitos de prosperidad económica y financiera.
Miles, ciento de miles, de prestigiosos y reconocidos pensadores -y hacedores- nos alertan y emprenden riesgosas travesías intentando resguardar a los humanos de los deseos devoradores del toro salvaje. Señalan los graves problemas y se ocupan arduamente por amortiguar los efectos catastróficos de la codicia depredadora del brutal animal; sin embargo, parecen chocar “con alguna pared invisible” donde los esfuerzos son neutralizados, diluidos, o simplemente, destruidos.
¿Qué sucede? quizás, ¿existe vocación suicida? o ¿son tan poderosas las fuerzas del laberinto que la racionalidad de muchos no puede resistir o modificar?
El actual laberinto está diseñado mediante complejos sistemas regulados por ideologías, sistemas jurídicos y políticos –las superestructuras- y los particulares funcionamientos de los sistemas sociales, culturales y económicos. Los efectos no son azarosos sino los emergentes esperables de la conciencia contenidos en los mismos: de los perales crecen peras.

No hemos dimensionado las consecuencias

Es tiempo enfrentar al “toro salvaje” que llevamos dentro, antes sugiero comprenderlo, a lo mejor, logremos “montarlo”. El forajido animal es el resultado de “un estadio evolutivo de la conciencia colectiva”: el egocéntrico. Este estadio resulto un avance evolutivo, son tiempos de estadios de conciencia más amplios, profundos e integradores.
Las  actuales crisis, los desastres económicos, sociales y ambientales han sido, y son,  los síntomas que evidencian nuestros devoradores apetitos y la incapacidad que hemos tenido para percibir las consecuencias de nuestras acciones. Tal como los niños no hemos dimensionado las consecuencias de nuestro accionar.
En esta instancia evolutiva: estamos despertando. Estamos creciendo en conciencia: muchos seres humanos, en todo el planeta, pueden discernir respecto de las consecuencias. ¡Qué bueno! ¡Nos damos cuenta! Sólo se perciben las consecuencias del accionar desde un estadio evolutivo superior. ¡Genial! Entonces, estamos progresando. Ahora podemos registras los efectos de nuestros desbocados apetitos… quizás podamos controlar al toro salvaje, y no matarlo.

En suma, se torna evidente que los deseos ilimitados, y sin discernimiento de sus consecuencias, nos han arrojado al abismo. Por otra parte, no se trata de matar al deseo sino, más bien, de reorientar el deseo hacia la satisfacción del bien común, el mantenimiento del equilibrio de los ecosistemas, la valoración de lo perdurable sobre lo efímero. 

© Margarita Llada, autora del libro: El Poder Creador de la Conciencia. Una teoría integradora de la evolución humana. Editorial Dunken, 2013.

martes, 1 de septiembre de 2015

La distorsión de lo obvio e ingeniosas tretas ponen en peligro la evolución humana: ¡Despertemos!

El mundo en venta
Imagen de Internet con fines didácticos

Observo azorada como se alienta el consumo y, también como corremos ciegamente detrás de “pertenencias” que deseamos perentoriamente. Recorro atónita las tiendas, exposiciones y publicidad que nos proponen nuevas tecnologías. Tecnología que sabemos, en breve, también, resultarán obsoletas.

Te propongo que ante cada consumo nos preguntemos ¿Qué hacemos con lo viejo? ¿Cuántos recursos naturales se utilizaron para producirlo?
Nuestras preguntas pueden progresar en sutilezas, o simplemente en “sentido común”:
¿El precio que estoy pagando por esta tecnología incluirá el costo de recupero ambiental y el tratamiento de los desechos?
¿Por qué las empresas no consideran su responsabilidad en informarnos cómo proceder con lo obsoleto?
¿Quién es responsable de los recursos que se utilizan para obtener determinados beneficios? o, ¿Quién debe ocuparse de los desperdicios que generan los bienes o servicios que hemos producido?.Etcétera.

Mercado Egocéntrico

La idea de mercado de las teorías económicas actuales, propia de la conciencia social egocéntrica, ha obnubilado la razón humana. Este entendimiento crea realidades ficticias que tienen variadas aristas, algunas:
  • Sólo tiene “valor” –precio- el intercambio humano en tanto “las leyes de mercado” declaren que tal intercambio existe.
  • Los precios de los productos y bienes que consumimos –y ofrece el mercado- es determinado por “los costos empresarios” + “la ganancia de sus productores” (la plusvalía empresaria). No incluyen el costo ambiental y su recupero.
  • Se alienta el consumo mediante la “obsolescencia programada” con el objetivo de acelerar la rotación –vender más veces- algún producto. Esto se utiliza para incrementar las ganancias: (Plusvalía empresaria * cantidad de veces que vende el mismo producto –o similar-).
  • Para las teorías económicas vigentes, los efectos sociales y ambientales generados por la producción constituyen “externalidades” de los cuales la economía no es responsable: ¡Una verdadera barbaridad!

Tretas con buena prensa

En el camino, y ante el despertar la conciencia social sensible, la conciencia social egocéntrica ha creado ingeniosas tretas. Una de ellas, es la onda “Responsabilidad Social y Ambiental Empresaria” donde serán “bien vistas por el mercado” aquellas empresas que expongan complementariamente a su información contable “sus acciones de responsabilidad social y ambiental”.
¿Por qué digo una treta? Desde la perspectiva de la conciencia social integradora debemos entender que se trata sólo de RESPONSABILIDADES –y punto-. Responsabilidades tan iguales (en derechos y obligaciones) como la responsabilidad de fabricar productos, obtener ganancias empresarias o elegir un producto para consumo. Lo dicho –se trata de responsabilidades y punto- tiene enormes implicancias en relación a definición de “derechos y obligaciones” en los sistemas jurídicos y económicos.
Ciertamente, tenemos el gran desafío de producir una radical transformación del intercambio humano y asumir las responsabilidades individuales y colectivas que ello conllevará.

Margarita Llada, autora del libro El Poder Creador de la Conciencia

jueves, 27 de agosto de 2015

¿Nueva Era o fase final de una Era? Discernimientos para la evolución.

Si existe una “Nueva Era” entonces existe una Era Anterior. Veamos…, primero, te propongo reflexionar sobre qué Era estaríamos concluyendo. Se dice mucho sobre “la nueva Era”, a pesar de ello, mi percepción es que existe desconocimiento, y quizás confusión, sobre de qué se tratarían las Eras de la Humanidad.

Según la narración científica sabemos que el ser humano evolucionó a partir de una célula… La evolución es empujada por las misteriosas fuerzas de la conciencia. Así progresamos desde las rocas hasta el complejo ser humano actual, desde la colección alimentos para supervivencia hasta el enmarañado comercial global, desde la comunicación por aullidos hasta el sofisticado lenguaje virtual en Internet. Estos avances se produjeron mediante ciclos evolutivos.

En particular, habrían ocurrido 3 Grandes Ciclos –o Eras- e infinidad de ciclos menores dentro de ellos. Podríamos acordar que los Seres Humanos, en su progreso a través de las diversas Eras, evolucionamos alcanzado: conciencia física-material; conciencia emocional -sensoria y que, en el ciclo presente trabajamos arduamente para desplegar la conciencia mental.

El tema de la “conciencia” es muy vasto… a pesar de ello, intentemos explorar algunas ideas. Desde que emergemos en el planeta Tierra hemos atravesado diferentes “Grandes Ciclos”; en cada uno hemos progresado en percepción, conocimiento y experiencia de nuestra naturaleza constitutiva. Este progreso se sucede mediantes ciclos expansivos e integradores de nuevos estadios de conciencia.

En cada “Gran Ciclo” – o Era- y, dentro del mismo, los ciclos evolutivos menores (tales como una civilización, una época, una vida humana, etcétera) se puede observar que la evolución acontece en tres instancias:

1) Sin conciencia del estadío: Predomina la motivación de manifestación de las cualidades propias del estadío evolutivo, sin discernimientos sobre el por qué, el para qué y el cómo. Es momento de sentir y actuar las cualidades del estadío evolutivo.

2) Con conciencia y sin auto-conciencia: En esta instancia, predominan la motivación de potenciación de las cualidades propias del estadío evolutivo, existe discernimiento que justifica el cómo, el por qué o el para qué. Es momento de pensar, sentir y actuar las cualidades propias del estadío, resulta natural que así sean las cosas.

3) Con auto-conciencia: es momento de observar, comprender y discernir sobre los efectos de lo percibido y experimentado en ese estadío evolutivo. En esta instancia, predominan la motivación de “responsabilidad por las causas” que habrían derivado de los entendimientos de ese estadío. Se correspondería a las etapas del último tramo de crisis, liberación.

En el primer Gran Ciclo –o Era-, los seres humanos adquirimos conciencia de nuestro cuerpo físico y realidades materiales, aprehendimos sobre la supervivencia y naturaleza instintiva. Logramos la auto-conciencia física-material. Eso ocurrió en una época que algunos guías espirituales mencionan como la Era Lemuria, tiempos remotos de los cual poco podemos constatar.

Con posterioridad, en el segundo Gran Ciclo –o Era-, aprehendimos sobre nuestra constitución sensible y sensoria. Logramos la autoconciencia sensoria-emocional. Algunos sostienen que este ciclo se correspondería con una civilización denominada Atlante, de la cual existen muchas versiones, mitos, y tal vez, ciertas confirmaciones científicas de su existencia.

Actualmente nos encontraríamos transitando un tercer Gran Ciclo -otra Era-. Esta Era se inició, con los saberes babilónicos, unos 2000 a.C., y su progresos aconteció con avances y retrocesos hasta el Siglo XIV, momento a partir del cual se iniciará una vertiginosa carrera hacia las altas cumbres de la mente, tal como la observamos en el Siglo XXI. Esta etapa estuvo signada por el desafío de desarrollar y aprehender sobre nuestras posibilidades mentales, es decir, alcanzar la auto-conciencia mental.

Entonces, en el aquí y ahora: ¿Habríamos iniciado una nueva Era o estaríamos en la etapa de final de una Era? Mi apreciación es que: estaríamos transitando el final este Gran Ciclo -o Era- que implicaría la necesaria integración de la conciencia física, emocional-sensoria con la mental. Observo que aún nos queda un largo trecho como para afirmar que los seres humanos hayamos alcanzado la autoconciencia de la mente y los pensamientos

Para alcanzar la autoconciencia de la mente deberíamos integrar previamente nuestra excesiva tendencia a la polarización emocional, tan bien aprehendida en el ciclo anterior -supuestamente el Atlante-. La materia de cierre de este ciclo sería “la autoconciencia de mente” que integre la conciencia humana precedente (la física y la sensoria-emocional).

Si observemos el mundo actual podríamos constatar que, tanto en la conciencia individual, como en la conciencia social colectiva, hemos logrado: 1) la auto-conciencia física –desde los aspectos biológico hasta los materiales más sofisticados-; 2) la auto-conciencia sensible-emocional –lo emocional un tema cotidiano tanto en lo individual como en lo colectivo-.

Sin embargo, al indagar en nuestra capacidad de auto-observar y discernir respecto de lo mental, podríamos dudar respecto de si efectivamente hemos alcanzando la auto-conciencia de la mente, es decir aún no habríamos arribado instancia de auto-conciencia de la mente. Quizás una instancia donde deberíamos observar y discernir nítidamente sobre nuestros pensamientos, lingüística y pertenencia a una Mente en la cual existimos y, en la cual existe nuestra mente. Una instancia donde podríamos experimentar que “todo es Mente animado por un principio inteligente que se manifiesta en la vida por intermedio de la conciencia”.

La Nueva Era sería un Gran Ciclo posterior –al actual- que amerita mucho discernimiento e integración de los precedentes para comprenderlo. Entonces, ¡Continuemos en la Escuela de Vida del Planeta Tierra, en la fase final de una Era!

©Margarita Llada

Autora del libro: El Poder Creador de la Conciencia. Una teoría integradora de la evolución humana. (Disponible en librerías Cúspide)

lunes, 17 de agosto de 2015

¡Entró en vigencia el nuevo Código Civil y Comercial!

El 1 de agosto de 2015 entró en vigencia el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación Argentina que unifica y sustituye los viejos y emparchados Código Civil de 1869 y al Código Comercial de 1889. El nuevo código reduce sustancialmente la cantidad artículos, está redactado en tiempo verbal presente y en lenguaje accesible para personas sin formación jurídica.

Integración y temas pendientes

La nueva codificación integra mucha legislación dispersa, tales como: Matrimonio Igualitario, Igualdad de Género, No Discriminación, los Tratados Internacionales de Derechos Humanos, la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, Derechos de Incidencia Colectiva como los ambientales y de los consumidores, entre otros.
Algunos temas quedan pendientes de legislaciones específicas, como es el caso de, los derechos de las comunidades indígenas, el controversial momento de la concepción que da inicio a la existencia de la persona humana (por ejemplo, un embrión fecundado fuera del útero materno ¿es persona humana?), la responsabilidad del Estado Nacional y de sus funcionarios por los hechos y omisiones cometidos en el ejercicio de sus funciones.

Un nueva mirada

Cambia sustancialmente la interpretación de la legislación. Anteriormente el espíritu de la ley y sus antecedentes históricos eran relevantes, ahora, se deberá considerar la finalidad que persiguen  las leyes desde una mirada evolutiva (acompañando a los tiempos). Se incorpora expresamente, el abuso del derecho, el fraude a la ley, el abuso de posición dominante, entre otras cuestiones.
Se pone énfasis en la presunción de capacidad de las personas priorizando la autonomía de la voluntad y cuidando, especialmente,  de que su manifestación resulte considerada. A modo de ejemplo, se abandona el concepto genérico de incapacidad de las personas y se lo reemplaza grados por capacidad restringida.
Desaparece el concepto de tenencia de los hijos y se lo reemplaza por responsabilidad de cuidado. En múltiples situación referidas a los menores se priorizan grados de madurez y que su voluntad sea tenida en cuenta (como el caso de la adopción o la disposición sobre su cuerpo).
Incorpora y legisla cuestiones atinentes a la compleja dinámica familiar de nuestro tiempo: los vínculos entre progenitores e hijos de familias ensambladas, las responsabilidades de los progenitores afín, los divorcios rápidos y por voluntad de una sola de las partes, los acuerdos pre y post matrimoniales, las uniones de convivientes (o concubinatos).

En suma, una nueva regulación de las relaciones humanas que, progresivamente, deberíamos incorporar dado que inciden en muchas áreas de nuestra vida cotidiana.  Los cambios son múltiples, por lo cual, los iremos tratando en sucesivos artículos.